29/03/2024
En el vasto y complejo universo de la toma de decisiones, especialmente en el ámbito de la política pública, a menudo imaginamos un proceso lineal y racional: se identifica un problema, se analizan alternativas, se elige la mejor solución y se implementa. Sin embargo, la realidad dista mucho de ser tan ordenada. Las políticas públicas rara vez emergen de un proceso tan pulcro. Es aquí donde el peculiar y revelador concepto del “Modelo del Tarro de Basura” (o “Garbage Can Model” en inglés) entra en juego, ofreciendo una perspectiva fresca y, para muchos, más realista sobre cómo se toman las decisiones en organizaciones que operan bajo condiciones de alta incertidumbre y ambigüedad.

¿Qué es el Modelo del Tarro de Basura?
El Modelo del Tarro de Basura, propuesto por Michael D. Cohen, James G. March y Johan P. Olsen en 1972, no describe un proceso de decisión racional, sino más bien una forma de anarquía organizada. Lejos de la imagen de líderes sentados en mesas redondas tomando decisiones deliberadas, este modelo sugiere que las decisiones son el resultado de la convergencia fortuita de varios elementos que, de alguna manera, se encuentran en un “tarro de basura” metafórico. Este tarro representa una ocasión para la toma de decisiones –una reunión, una agenda política, una crisis– donde diversos elementos se mezclan de forma desordenada.
La esencia del modelo radica en la idea de que las decisiones no surgen de una elección consciente y lógica entre alternativas claras, sino de la interacción casi aleatoria de tres “flujos” o “corrientes” principales que operan de manera independiente:
- Flujos de Problemas: No son problemas estáticos y bien definidos, sino más bien percepciones de problemas que compiten por atención. Los problemas son a menudo ambiguos, fluidos y pueden cambiar su definición con el tiempo. Pueden surgir de eventos externos, indicadores de rendimiento, quejas de ciudadanos o simplemente de la percepción de ciertos actores de que algo anda mal. Los problemas no siempre esperan una solución; a veces, son las soluciones las que buscan problemas a los que adherirse.
- Flujos de Soluciones o Alternativas: Estas son las respuestas potenciales, las propuestas de políticas, las tecnologías o las ideas que ya existen. Son como “productos” listos para ser usados que flotan en el sistema, a menudo desarrollados por expertos, burócratas o grupos de interés, independientemente de que haya un problema específico que necesiten resolver. A veces, una solución brillante está buscando un problema que pueda “arreglar”.
- Flujos de Participantes o Corrientes Políticas: Se refiere a los actores involucrados en el proceso de decisión (políticos, burócratas, grupos de presión, ciudadanos), sus agendas, sus intereses, su energía, sus compromisos y su disponibilidad. La rotación de participantes, los cambios en el estado de ánimo público o los ciclos electorales pueden influir drásticamente en qué problemas y soluciones ganan atención. Este flujo también incluye el clima político general, las ideologías dominantes y las ventanas de oportunidad que se abren o cierran.
En el “tarro de basura”, estos flujos se mezclan de manera fluida y caótica. Una decisión ocurre cuando, por casualidad, un problema, una solución y un participante adecuado se encuentran en un momento dado dentro de la “ocasión de decisión”. No es que se busque la mejor solución para un problema, sino que un problema se encuentra con una solución que ya estaba disponible, o viceversa, todo ello bajo la influencia de los actores presentes y el clima político del momento.
Características Clave del Modelo
El Modelo del Tarro de Basura se distingue por varias características fundamentales que lo diferencian de los modelos de decisión más tradicionales:
- Ambigüedad de Preferencias: En las organizaciones que operan bajo este modelo, los objetivos no son claros ni consistentes. Las preferencias de los actores son a menudo vagas, contradictorias y cambian con el tiempo.
- Tecnología Incierta: La relación entre las acciones y los resultados es poco clara. No siempre se sabe qué solución producirá el efecto deseado, o si un problema puede ser resuelto en absoluto.
- Participación Fluida: Los participantes entran y salen del proceso de decisión. Sus agendas y la cantidad de tiempo que dedican a un problema o solución varían constantemente, lo que añade una capa de imprevisibilidad.
- Proceso no Lineal: No hay una secuencia lógica de pasos. Los problemas pueden buscar soluciones, las soluciones pueden buscar problemas, y los participantes pueden simplemente estar presentes en el momento adecuado.
Aplicación en la Política Pública
La relevancia del Modelo del Tarro de Basura en la toma de decisiones de política pública es considerable. Ayuda a explicar fenómenos que los modelos racionales no pueden: por qué ciertas políticas se adoptan a pesar de no ser la “mejor” solución para un problema, por qué problemas urgentes a veces son ignorados, o por qué ideas innovadoras languidecen por años antes de ser repentinamente adoptadas. Por ejemplo, una crisis de salud pública (un problema) puede coincidir con una propuesta legislativa ya existente (una solución) y un cambio de gobierno o un líder carismático (un participante) que está dispuesto a impulsarla, llevando a la aprobación de una política que de otro modo nunca habría visto la luz.
En este sentido, el modelo destaca la importancia de la oportunidad y el timing. Los formuladores de políticas y los grupos de interés a menudo no “crean” decisiones, sino que esperan el momento oportuno para “descargar” sus problemas o soluciones en el “tarro” cuando la convergencia es favorable. La habilidad para reconocer y aprovechar estas ventanas de oportunidad es crucial.
Modelo Racional vs. Modelo del Tarro de Basura: Una Comparación
Para entender mejor la singularidad del Modelo del Tarro de Basura, es útil contrastarlo con el modelo de decisión racional, que a menudo se asume como el ideal.
| Criterio | Modelo Racional de Decisión | Modelo del Tarro de Basura |
|---|---|---|
| Naturaleza del Proceso | Lineal, lógico, secuencial | Caótico, fluido, ambiguo |
| Problemas | Claramente definidos, conocidos, estables | Vagos, cambiantes, buscando soluciones |
| Soluciones | Desarrolladas para problemas específicos | Existen independientemente, buscando problemas |
| Participantes | Actores con preferencias claras y estables | Entran y salen, agendas fluidas, energía variable |
| Objetivos | Claros, consistentes, optimización | Ambigüos, contradictorios, supervivencia |
| Énfasis | Elección deliberada, eficiencia | Convergencia fortuita, oportunidad |
| Resultado | La mejor solución para el problema | Decisión como un subproducto de la interacción |
Críticas y Limitaciones
Aunque el Modelo del Tarro de Basura ofrece una poderosa lente para comprender la realidad de la toma de decisiones, no está exento de críticas. Algunos argumentan que puede exagerar el grado de aleatoriedad y anarquía organizada en las organizaciones, subestimando la influencia de la estructura, el poder y la intencionalidad estratégica. Sin embargo, sus defensores señalan que no pretende ser un modelo prescriptivo (cómo se *deberían* tomar las decisiones), sino descriptivo (cómo se *toman* realmente las decisiones en entornos complejos).

Preguntas Frecuentes (FAQs)
¿Quiénes propusieron el Modelo del Tarro de Basura?
Fue desarrollado por Michael D. Cohen, James G. March y Johan P. Olsen en un artículo seminal de 1972 titulado "A Garbage Can Model of Organizational Choice".
¿Es el Modelo del Tarro de Basura aplicable solo a la política pública?
Originalmente, se concibió para explicar las decisiones en organizaciones académicas (colegios y universidades), pero su aplicación se ha extendido ampliamente a otros entornos de anarquía organizada y alta ambigüedad, incluyendo la política pública, la gestión de la innovación y la toma de decisiones en empresas con estructuras poco jerárquicas.
¿Significa que las decisiones son completamente aleatorias y no hay control?
No. Si bien el modelo enfatiza la aleatoriedad y la falta de un proceso lineal, no implica una ausencia total de control. Los actores aún pueden intentar influir en los flujos (desarrollando soluciones, articulando problemas, movilizando participantes) y estar preparados para aprovechar las ventanas de oportunidad cuando se abren. Es más una descripción de cómo el control es difuso y las interacciones son complejas.
¿Cómo pueden los tomadores de decisiones influir en este modelo?
Los actores pueden aumentar sus posibilidades de éxito siendo persistentes con sus soluciones o problemas, anticipando y reconociendo las ventanas de oportunidad política, y construyendo coaliciones con otros participantes. La clave es la preparación y la capacidad de actuar rápidamente cuando los flujos convergen.
¿Qué diferencia principal hay entre este modelo y otros modelos de decisión?
La principal diferencia radica en su rechazo de la racionalidad y la linealidad. Mientras que otros modelos asumen una búsqueda lógica de la mejor solución para un problema definido, el Modelo del Tarro de Basura ve las decisiones como el resultado fortuito de problemas buscando soluciones, soluciones buscando problemas, y participantes con agendas propias, todos mezclándose en un ambiente de ambigüedad y fluidez.
En conclusión, el Modelo del Tarro de Basura nos invita a ver la toma de decisiones, especialmente en el ámbito público, no como un ejercicio de lógica impecable, sino como un baile complejo y a menudo impredecible de problemas, soluciones y personas. Comprender esta dinámica puede ser fundamental para cualquier actor que busque influir o simplemente comprender cómo se forman las políticas en un mundo inherentemente ambiguo.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a El Modelo del Tarro de Basura en la Política puedes visitar la categoría Acero Inoxidable.
