26/06/2023
La combinación de diferentes materiales metálicos en un mismo componente es una práctica común, impulsada por requisitos de diseño complejos o simplemente por la disponibilidad de elementos de sujeción. Sin embargo, esta mezcla de metales disímiles puede, bajo ciertas circunstancias, desencadenar un fenómeno conocido como corrosión galvánica. Esta ocurre cuando dos metales distintos forman un par galvánico en presencia de un electrolito, llevando a la corrosión acelerada del metal menos noble. Los daños resultantes, como el deterioro superficial, las filtraciones o el fallo de los componentes, pueden reducir drásticamente la vida útil de una estructura y generar costos de reemplazo prematuros. Dado que el acero inoxidable suele poseer un potencial de corrosión más positivo que la mayoría de los metales con los que entra en contacto, siempre existe un riesgo potencial para el otro material del par. Comprender los principios y factores que influyen en este proceso es fundamental para prevenir su aparición y garantizar la longevidad de las instalaciones.
Los Principios de la Corrosión Galvánica
Para que la corrosión galvánica, también conocida como corrosión por contacto, se manifieste, deben concurrir tres condiciones esenciales. En primer lugar, es indispensable que existan diferentes potenciales de corrosión entre los metales involucrados en el sistema. Esto significa que un metal debe ser intrínsecamente más noble (con un potencial electroquímico más alto) que el otro. En segundo lugar, debe haber una unión física entre ambos metales, permitiendo el flujo de electrones entre ellos. Finalmente, el tercer requisito crítico es la presencia de una película de humedad eléctricamente conductora, conocida como electrolito, que conecte ambos metales y facilite las reacciones electroquímicas.
Cuando estas condiciones se cumplen, el material menos noble, denominado ánodo, es el que sufre un ataque preferencial, es decir, se corroe. Por el contrario, el material más noble, el cátodo, tiende a protegerse de la corrosión, un principio que incluso se utiliza en sistemas de protección catódica mediante ánodos de sacrificio. El contacto entre dos metales con potenciales distintos en una solución conductora provoca un flujo de electrones del ánodo al cátodo. Aunque las reacciones electroquímicas son similares a las que ocurrirían en un metal aislado, el ataque corrosivo en el ánodo se acelera enormemente. En algunos casos, la formación de este par galvánico puede incluso inducir corrosión localizada, como picaduras o corrosión por intersticios, en materiales que de otro modo serían resistentes al entorno, como el aluminio pasivo, debido a un cambio en su potencial.
Es importante destacar que, a pesar de la creencia popular, la simple diferencia de potencial en una pila electroquímica no es un indicador definitivo del riesgo real de corrosión galvánica. Las tablas de potenciales estándar ofrecen solo una aproximación. El factor decisivo es la diferencia de potencial bajo las condiciones de funcionamiento reales, lo que ha llevado al desarrollo de tablas empíricas de series galvánicas específicas para entornos comunes, como el agua de mar, que reflejan el comportamiento relativo de los metales en esos medios. Entender estos requisitos es el primer paso para implementar acciones preventivas eficaces.
Factores Relevantes y Ejemplos
La intensidad de la corrosión galvánica no solo depende de la existencia de un par de metales disímiles y un electrolito, sino también de varios factores que modulan la velocidad y extensión del ataque. La ley de Faraday establece que los procesos electroquímicos de corrosión están directamente relacionados con la transferencia de carga, es decir, con el flujo de corriente. Por ello, la corriente o densidad de corriente se utiliza frecuentemente como medida de corrosión.
La corriente total de corrosión (I tot) se compone de una corriente parcial de autocorrosión (I s), independiente del contacto con otros materiales, y una corriente parcial de la pila (I el), generada por el par galvánico. La intensidad de la corrosión del elemento galvánico está determinada por la diferencia de potencial entre los dos metales (ΔU), la resistencia del electrolito (R el) y las resistencias de polarización en el ánodo (R p,a) y el cátodo (R p,c). A partir de estos parámetros, podemos analizar los factores clave que determinan si la corrosión metálica se convertirá en un problema técnicamente relevante.
Resistencia del Electrolito
La resistencia del electrolito es un factor crítico que influye directamente en el riesgo de corrosión galvánica. A medida que la resistencia del electrolito aumenta, el riesgo de corrosión disminuye significativamente. Esto se debe a que una mayor resistencia limita el alcance de la corriente galvánica y restringe el cambio de potencial en el ánodo. En electrolitos de alta resistencia, como las películas de agua producidas por condensación, la polarización del ánodo hacia valores más altos es baja. En contraste, las películas de electrolitos de baja resistencia, como el agua salada, provocan una polarización muy fuerte. Cuanto mayor sea esta polarización, mayor será la velocidad de corrosión del ánodo si el material está activo, o mayor será la probabilidad de alcanzar un potencial crítico que inicie la corrosión si el material está en estado pasivo.
Para ilustrar la variabilidad de la conductividad, que es la inversa de la resistencia, se presenta la siguiente tabla con valores típicos para diferentes tipos de agua:
| Entorno | Conductividad específica en (Ω * cm)-1 |
|---|---|
| Agua pura | 5 * 10-8 |
| Agua desmineralizada | 2 * 10-6 |
| Agua de lluvia | 5 * 10-5 |
| Agua potable | 2 * 10-4 - 1 * 10-3 |
| Agua de un río de agua salobre | 5 * 10-3 |
| Agua de mar | 3,5 * 10-2 - 5 * 10-2 |
Como se observa, la conductividad varía drásticamente, siendo el agua de mar un entorno altamente conductor y, por ende, de alto riesgo para la corrosión galvánica.
Tiempo de Exposición a la Humedad y Entornos
La duración de la exposición a la humedad y las características del entorno son factores interdependientes y cruciales. El electrolito es un componente indispensable para la corrosión galvánica; sin su presencia, este tipo de corrosión no puede ocurrir. Esto implica que, en la práctica, muchas combinaciones de materiales metálicos no son críticas desde el punto de vista de la corrosión si no existe una película electrolítica. Un ejemplo claro se da en interiores secos y bien ventilados, donde la ausencia de condensación o humedad significativa hace que la combinación de acero inoxidable con otros metales, como el acero al carbono pintado, generalmente no implique riesgo de corrosión galvánica. En elementos de iluminación o decoración interior, la mayoría de las combinaciones son seguras bajo temperaturas ambiente moderadas.
Sin embargo, en entornos como los marinos, industriales o en piscinas cubiertas, la probabilidad de corrosión galvánica aumenta notablemente debido a la mayor y más prolongada presencia de humedad y agentes corrosivos. Por ejemplo, la velocidad de corrosión del zinc en contacto con acero inoxidable se acelera significativamente en ambientes costeros o en zonas de salpicaduras de agua de mar en comparación con ambientes rurales. Más allá del ambiente, el diseño de los componentes también juega un papel decisivo. Factores que promueven un secado rápido de las películas de humedad, como una ventilación adecuada, la prevención de intersticios o un drenaje libre del agua de lluvia, reducen drásticamente el ataque corrosivo. Por el contrario, las zonas permanentemente húmedas, como grietas, intersticios o donde el agua puede estancarse, así como los ambientes marinos, pueden acelerar considerablemente la corrosión galvánica.
La Cinética de las Reacciones Electrolíticas
La cinética de las reacciones electrolíticas se expresa a través de los valores de la resistencia de polarización del ánodo y del cátodo. Es fundamental comprender que una gran diferencia de potencial entre dos metales no siempre se traduce en un riesgo elevado de corrosión. De hecho, una diferencia de solo 100 mV puede causar corrosión, mientras que metales con diferencias de potencial considerablemente mayores pueden unirse sin problemas. Esto se debe a que la diferencia de potencial no proporciona información directa sobre la cinética de la corrosión galvánica, la cual depende de las propiedades específicas de cada metal.
Por ejemplo, el titanio reduce el oxígeno disuelto con mayor dificultad que el cobre. Esta diferencia en la cinética explica por qué el acero al carbono puede corroerse más rápidamente en contacto con el cobre que con el titanio, a pesar de que este último tiene un potencial más positivo. Además, la formación de capas de corrosión juega un papel decisivo. Estas capas pueden alterar significativamente el potencial de un material y actuar como una barrera, obstaculizando las reacciones anódicas o catódicas y, por lo tanto, modificando la velocidad de corrosión.
Áreas del Cátodo y del Ánodo
Uno de los factores más influyentes en la velocidad de la corrosión galvánica es la relación entre las áreas de las superficies del cátodo (Sc) y del ánodo (Sa). Cuando el área de la superficie catódica (el metal más noble) es muy pequeña en comparación con el área de la superficie del ánodo (el metal menos noble), el cambio en el comportamiento frente a la corrosión es mínimo o nulo. Esta situación es generalmente segura.
Un ejemplo práctico de esta situación se observa frecuentemente en el uso de sujeciones de acero inoxidable sobre componentes mucho más grandes de aluminio o acero al carbono galvanizado. En estas configuraciones, incluso en ambientes corrosivos, la corrosión galvánica es prácticamente despreciable. La lógica es simple: la pequeña superficie del cátodo de acero inoxidable no puede sostener una corriente de corrosión significativa sobre la gran superficie del ánodo. Por lo tanto, al combinar distintos materiales, las sujeciones siempre deberían realizarse con el material más noble, asegurando que la superficie catódica sea pequeña en relación con el ánodo.
Por el contrario, la situación inversa puede generar un problema grave: un ánodo pequeño rodeado por un cátodo grande puede provocar una corrosión galvánica acelerada y severa. Ejemplos típicos incluyen un pequeño tornillo de acero al carbono galvanizado en una gran placa de acero inoxidable, especialmente en ambientes marinos. En estos casos, el metal menos noble (el tornillo) podría sufrir una corrosión acelerada debido a la gran superficie catódica que lo rodea, que actúa como un eficiente receptor de electrones. Es imperativo evitar este tipo de configuraciones en ambientes corrosivos para prevenir fallos prematuros.
Experiencia Práctica en Diversas Aplicaciones
La investigación y la experiencia práctica han proporcionado un vasto conocimiento sobre el comportamiento corrosivo de las combinaciones de materiales que incluyen acero inoxidable bajo diversas condiciones. Aunque los resultados numéricos precisos pueden variar, la experiencia permite establecer algunas afirmaciones generales sobre la compatibilidad de materiales en diferentes entornos.
Tratamiento del Agua y de las Aguas Residuales
El efecto corrosivo del agua sobre el acero inoxidable varía considerablemente según su composición. El agua desionizada sin impurezas generalmente no es corrosiva, excepto a temperaturas extremadamente altas. El agua potable, incluso con concentraciones moderadas de iones cloruro, puede inducir corrosión por picaduras o intersticios bajo la influencia combinada de altas temperaturas. Los aceros inoxidables austeníticos CrNiMo, como 1.4401, 1.4404 y 1.4571, son generalmente resistentes si se manipulan adecuadamente. Incluso el tipo 1.4301 ha demostrado éxito en muchos casos.
En el agua potable, el riesgo de corrosión galvánica es moderado. Las uniones de acero inoxidable con cobre, aleaciones de cobre y latón rojo se han utilizado con éxito durante años en tuberías y depósitos, sin problemas de corrosión por contacto. Sin embargo, la combinación de acero galvanizado o aleaciones de aluminio con acero inoxidable en medios acuosos puede generar corrosión galvánica inmediata.
Las estaciones de aguas residuales presentan condiciones menos predecibles, con una gran variedad de composiciones y, a menudo, alta conductividad, lo que incrementa el riesgo de corrosión galvánica. La siguiente tabla resume la compatibilidad de materiales en aguas residuales al aire libre:
| Material con un área pequeña | Material con un área grande | ||||
|---|---|---|---|---|---|
| Acero al carbono/ hierro colado | Zn / acero galvanizado | Al | Cu | Acero inoxidable | |
| Acero al carbono/ hierro colado | +* | +* | - | 0 / - | +* |
| Zn / acero galvanizado | - | + | - | 0* | +* |
| Al | - | 0 / - | +* | - | +* |
| Cu | - | - | - | +* | +* |
| Acero inoxidable | - | - | - | 0 | + |
| Acero en hormigón | - | - | - | + | + |
Clave: + = bueno; o = dudoso; - = malo. *Aunque la combinación tiene influencia insignificante, no se recomiendan por la autocorrosión del menos noble.
El agua de mar, con su alta concentración de cloruros, implica un riesgo de corrosión muy elevado, requiriendo aceros más aleados como EN 1.4462, 1.4439, 1.4539 o 1.4565, o aleaciones base níquel. Como entorno altamente conductor, el agua residual tiende a fomentar la corrosión galvánica, poniendo en riesgo no solo aleaciones de aluminio, zinc o acero al carbono galvanizado, sino también cobre o bronce. En estos ambientes, la distancia entre el cátodo y el ánodo tiene una influencia limitada; los elementos metálicos pueden corroerse por contacto incluso a distancia si existe una conexión eléctrica conductora.
Un riesgo particular en los sistemas de preparación de agua es el contacto del acero inoxidable con carbón activo, comúnmente usado en filtros. Las partículas de carbón pueden desprenderse y entrar en contacto con el acero inoxidable, actuando como un gran cátodo y polarizando el acero inoxidable positivamente (200 a 300 mV). Esto puede causar corrosión por picaduras o intersticios en tipos ferríticos y austeníticos sin molibdeno, incluso con bajos niveles de cloruros. Se han observado casos en conducciones de agua donde tornillos de acero inoxidable ferrítico (tipo 1.4016) que unían placas de filtro a hormigón armado, en contacto con carbón activo, sufrieron corrosión severa.
Componentes Atmosféricos
A diferencia de los sistemas acuosos donde el electrolito está permanentemente presente, en los componentes expuestos al aire ambiente la corrosión solo se produce durante la exposición a la humedad. Esta humedad puede provenir de lluvia, salpicaduras o incluso de películas microscópicas formadas por la absorción de vapor de agua o condensación visible. Los depósitos de suciedad y las sustancias higroscópicas pueden prolongar significativamente la duración de la humedad en la superficie. Los intersticios poco ventilados, como los que se forman bajo arandelas o entre chapas solapadas, pueden mantener la humedad casi permanentemente, creando zonas problemáticas.
En estos entornos atmosféricos, la influencia de ambos materiales se concentra en una zona muy pequeña a lo largo de la línea de contacto, lo que significa que la magnitud del tamaño de los metales (la relación de áreas) tiene un papel menos significativo que en entornos de inmersión. Sin embargo, proteger el acero inoxidable en la estrecha zona de contacto suele ser suficiente para evitar la corrosión galvánica. Los intersticios permanentemente húmedos entre acero inoxidable y un material menos noble (aluminio, zinc o componentes recubiertos de zinc) son puntos críticos. Un sellado elástico en el intersticio es un remedio probado, aunque es crucial que los materiales de sellado no sean propensos a agrietarse o resquebrajarse, ya que esto podría empeorar la situación.
La siguiente tabla ofrece una guía de compatibilidad de materiales en condiciones ambientales:
| Material con un área pequeña | Material con un área grande | ||||
|---|---|---|---|---|---|
| Acero al carbono/ hierro colado | Zn / acero galvanizado | Al | Cu | Acero inoxidable | |
| Acero al carbono/ hierro colado | +* | - | - | +* | +* |
| Zn / acero galvanizado | +* | + | + | 0 | + |
| Al | 0 / - | 0 | + | 0 / - | + |
| Cu | - | - | - | + | + |
| Acero inoxidable | - | - | 0 / - | + | + |
Clave: + = bueno; o = dudoso; - = malo. *Aunque la combinación tiene influencia insignificante, no se recomiendan por la autocorrosión del menos noble.
El Acero Inoxidable en los Edificios y en la Construcción
El uso del acero inoxidable en la construcción está en constante crecimiento debido a sus posibilidades de diseño arquitectónico, su fácil manipulación y su alta resistencia a la corrosión. Se emplea en superficies visibles, componentes estructurales y sujeciones mecánicas. Las calidades más comunes son el 18/8 CrNi y el 17/12/2 CrNiMo, este último especialmente para superficies de alta calidad en entornos industriales y urbanos o elementos estructurales de difícil acceso.
Evitar la unión de acero inoxidable con otros metales puede ser complicado en el diseño de edificios. El comportamiento frente a la corrosión dependerá del diseño: en superficies expuestas a humedad ocasional por lluvia o condensación, ya sean interiores o exteriores, la interacción entre metales es relevante en las zonas de contacto. La duración de la humedad sobre el material es clave en las partes expuestas a la intemperie. La exposición ocasional y de corta duración no suele provocar corrosión galvánica. Por lo tanto, los diseños que favorecen un secado rápido (buena ventilación, prevención de intersticios, drenaje libre del agua, superficies lisas) reducen el ataque corrosivo.
Sin embargo, las áreas permanentemente húmedas, como intersticios o elementos protegidos, donde el agua y la suciedad pueden quedar retenidas, incrementan en gran medida el riesgo. Las zonas superficiales expuestas que son limpiadas por la lluvia y se secan rápidamente son menos vulnerables que las áreas cóncavas que, aunque protegidas de la lluvia, permanecen húmedas y acumulan suciedad. Aunque la relación de superficies tiene un valor limitado para identificar el riesgo en estos casos, en general, deben evitarse los diseños con ánodos pequeños y cátodos relativamente grandes, ya que la corrosión galvánica es posible incluso en lugares bien ventilados. Un ejemplo típico es el uso de tornillos galvanizados en una cubierta de acero inoxidable en una fachada, donde se observa óxido blanco y corrosión del material base en poco tiempo. Para sujeciones de acero inoxidable, es imperativo utilizar tornillos del mismo material o más nobles.
En la tecnología de tejados, el acero inoxidable se usa comúnmente para sujeciones en contacto con otros metales o recubrimientos metálicos. Debido a la relación favorable entre las superficies anódicas y catódicas (pequeña sujeción de SS en gran superficie de otro metal), no suele haber riesgo. Sin embargo, en reparaciones donde grandes superficies de acero inoxidable se unen a otros metales, la combinación puede considerarse no crítica siempre que la proporción entre el acero inoxidable y el aluminio o galvanizado no exceda significativamente 1:1.
El Acero Inoxidable en los Medios de Transporte
En vehículos de pasajeros y otros medios terrestres, el acero inoxidable, tanto ferrítico (con 12% a 18% de cromo) como austenítico (aproximadamente 18% de cromo), se emplea en sistemas de escape, depósitos de combustible y, cada vez más, en componentes de la carrocería y el chasis. En aplicaciones ferroviarias, los tipos ferríticos junto con recubrimientos son habituales, y los aceros inoxidables austeníticos tienen una larga tradición en vagones de ferrocarril en todo el mundo, generalmente sin problemas de corrosión galvánica.
En este sector, es igualmente esencial evitar la formación de intersticios entre los componentes de acero inoxidable y los materiales menos nobles, ya que estos pueden acumular suciedad y humedad, propiciando ataques corrosivos. Una medida eficaz es rellenar los intersticios con un polímero adecuado. Otra precaución probada contra la corrosión galvánica en medios de transporte es el recubrimiento local del acero inoxidable en la zona de contacto. Esto aísla el cátodo, reduciendo la posibilidad de una reacción galvánica.
Preguntas Frecuentes
¿Existe riesgo de corrosión galvánica si se unen tipos de acero inoxidable de diferente composición química?
Entre distintos tipos de acero inoxidable, incluso de diferentes familias (austeníticos, ferríticos, dúplex), generalmente no existe corrosión galvánica significativa, siempre y cuando los potenciales de corrosión de ambos metales sean idénticos o muy similares en las condiciones de servicio. Sin embargo, es crucial considerar la resistencia individual a la corrosión de cada aleación en el entorno específico. El material con menor resistencia a la corrosión debe ser capaz de comportarse correctamente frente a la corrosión por sí solo en esas condiciones.
¿Se puede usar el acero inoxidable en combinación con el cobre o el acero galvanizado para la reparación de sistemas de tuberías domésticas?
No se esperan problemas cuando el acero inoxidable se combina con tuberías de cobre, ya que ambos materiales tienen un potencial de corrosión similar en un medio con agua potable. Los componentes de tubería de acero galvanizado también se pueden combinar con acero inoxidable. Sin embargo, para las conexiones, se recomiendan elementos de unión fabricados con aleaciones de zinc, cobre o latón rojo, debido a su compatibilidad y comportamiento conocido en estos sistemas.
¿Puede unirse una barra corrugada de acero inoxidable con acero al carbono en el hormigón armado?
Sí, si se realiza apropiadamente, las barras corrugadas de acero al carbono pueden emplearse junto con barras de acero inoxidable. Por lo general, esto no aumenta los problemas de corrosión, siempre y cuando los potenciales de corrosión sean idénticos dentro del hormigón. Esta combinación puede utilizarse para prevenir la corrosión de barras inmersas en el hormigón o en contacto con tuberías. La unión debe ser sólida dentro del hormigón, con una capa mínima de hormigón de 3 cm. Si la barra corrugada de acero al carbono se encuentra en estado activo debido a la influencia de cloruros u otros agentes, podría producirse corrosión galvánica. Sin embargo, en la mayoría de los casos, este efecto es mucho menos significativo que el par galvánico que se formaría entre barras corrugadas de acero al carbono pasivas y activas (corrosión galvánica a través de un elemento activo/pasivo), ya que la eficiencia catódica del acero inoxidable es mucho menor que la del acero al carbono.
¿Las arandelas de polímeros son aislantes eficaces para prevenir la corrosión de contacto en uniones mecánicas?
Aunque la unión de la rosca y el orificio roscado no se interrumpe completamente, el uso de arandelas de polímeros es altamente recomendable. Estas arandelas proporcionan una protección adicional al intersticio que se forma entre la cabeza del tornillo y el material al que se fija, ayudando a aislar la zona de contacto de la humedad y, por ende, del electrolito.
¿Se pueden combinar parapetos de acero inoxidable con postes de acero al carbono?
Si el diseño de la estructura evita que se forme un electrolito (por ejemplo, por la acumulación prolongada de lluvia o nieve derretida), el contacto directo entre parapetos de acero inoxidable y postes de acero al carbono es aceptable. De lo contrario, si la humedad persistente es una preocupación, se deben incorporar elementos de plástico u otros materiales aislantes para separar los metales.
Prevención de la Corrosión Galvánica
La estrategia más efectiva para evitar la corrosión galvánica reside en la selección cuidadosa de materiales compatibles desde la etapa de diseño del proyecto. Si los materiales que se deben instalar tienen el potencial de interferir entre sí, es imprescindible adoptar medidas de protección específicas. Las directrices generales para prevenir este tipo de corrosión se centran en interrumpir al menos uno de los tres requisitos fundamentales para su aparición.
Las posibilidades prácticas incluyen:
- Aislamiento eléctrico de los componentes: Esto se logra utilizando materiales aislantes, elementos plásticos o arandelas de poliamida entre los metales disímiles. Al romper la conexión eléctrica, se impide el flujo de electrones que alimenta la reacción galvánica.
- Ubicación de la unión en una zona no expuesta a la humedad: Si el electrolito no está presente, la corrosión galvánica no puede ocurrir. Por lo tanto, diseñar las uniones para que permanezcan secas es una estrategia muy eficaz, especialmente en ambientes interiores o protegidos.
- Recubrimiento del cátodo, o de ambos (ánodo y cátodo): La aplicación de un recubrimiento protector sobre el metal más noble (el cátodo) o sobre ambos metales puede aislar las superficies del electrolito.
Es crucial tener en cuenta que solo recubrir el ánodo no es una forma adecuada de evitar la corrosión galvánica. Las imperfecciones en el recubrimiento o los daños que puedan ocurrir durante la instalación son difíciles de evitar y, si se producen, exponen un pequeño ánodo a una gran superficie catódica no protegida. Esta situación crea un elemento de corrosión altamente crítico, donde cualquier daño en el recubrimiento expone un pequeño ánodo que podría corroerse rápidamente de manera severa.
Para reducir el efecto catódico del elemento de acero inoxidable, generalmente es suficiente con recubrir el acero inoxidable alrededor de la unión. La magnitud de la zona a proteger depende directamente de la conductividad del entorno corrosivo. En componentes expuestos a un ambiente doméstico poco agresivo y con películas de electrolito finas y débilmente conductoras, un recubrimiento de unos pocos centímetros a lo largo de la zona de contacto del acero inoxidable suele ser suficiente. Sin embargo, en ambientes con humedad salina o alta conductividad, el área de protección efectiva del cátodo debería superar los 10 cm para ser realmente eficaz.
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